Sobre nosotros

Desde pequeña, Karla creció entre aromas dulces y masas recién horneadas, observando a su padre, Jorge Peña, dedicar su vida al arte de la repostería. La gente que conoce bien a Jorge sabe que, después de sus hijos, su mayor pasión son los hornos y la harina. Todos los compañeros hoteleros que han trabajado con él pueden dar fe, especialmente los de su querida Telamar. Su cocina siempre fue un lugar mágico, donde cada receta contaba una historia y cada dulce llevaba el sello de su corazón.

Hace más de diez años, la vida llevó a Karla hasta Madrid. Cambió su tierra, sus costumbres y su familia por una nueva etapa llena de ilusión… pero también de nostalgia.

Poco después de llegar, probó su primer cheesecake. El primer bocado la sorprendió: no estaba malo, pero no era “eso”, no era el sabor de su infancia, no era el cheesecake de su padre. Pensó que sería casualidad, así que probó en otros lugares, pero la sensación se repitió. Fue entonces cuando entendió algo importante: no estaba buscando un postre, estaba buscando un recuerdo.

Ese día llamó a su padre y le pidió la receta. Y sin saberlo, sembró la semilla de algo mucho más grande. Así nació una frase que hoy lo envuelve todo: “Las recetas de mi padre”.

El primer cheesecake que hizo en su cocina tenía el sabor que esperaba… pero no la apariencia. La decoración no era perfecta. La textura podía mejorar. Pero había algo que sí era exacto: la emoción. Aquel sabor la devolvió, por un instante, a la Honduras de su infancia.

Y ya no pudo parar.

Empezó a repetir recetas, a equivocarse, a mejorar, a pedir consejos a miles de kilómetros de distancia. Sin darse cuenta, aquella pasión que siempre había estado cerca comenzó a tomar forma propia. La repostería dejó de ser solo un recuerdo familiar para convertirse en un sueño personal.

Años después, casi sin pensarlo demasiado, se presentó a un concurso de tartas en su antiguo trabajo. Ganó el primer premio. Y ese pequeño gran logro fue el impulso que necesitaba. Gracias al apoyo de amigas que creyeron en ella incluso cuando dudaba, nació la cuenta de Instagram kar_cakes. Y desde Honduras, una amiga muy especial aportó algo imprescindible: dio forma al logo que hoy representa esta historia. Así, poco a poco, KarCakes empezó a tener identidad propia.

Fue entonces cuando el nombre se completó: KarCakes – Las recetas de mi padre. No era solo un proyecto de repostería. Era un puente entre dos países. Entre una hija y su padre. Entre memoria y presente.

Hace unos meses, la vida volvió a unir caminos. Jorge decidió dar un paso más y comenzar esta nueva etapa en Madrid. Padre e hija empezaron a trabajar codo con codo, transformando años de recetas, llamadas y aprendizajes en algo tangible. Lo que empezó con un cheesecake hecho en casa está a punto de convertirse en una cafetería real.

Hoy, padre e hija ya trabajan juntos, como tantas veces imaginaron. Lo que empezó siendo una receta enviada a miles de kilómetros es ahora un proyecto real que está a punto de abrir sus puertas. Marzo de 2026 marca el comienzo de algo que lleva años gestándose en silencio: el momento en que los recuerdos, la distancia y los sueños se transforman en una cafetería donde todo cobra sentido. Ya no es solo una ilusión compartida, es una realidad construida con paciencia, fe y mucho amor.

Nada de esto habría sido posible sin la familia y sin los amigos que han estado presentes en cada paso. Personas que han ayudado en la obra del local, que han puesto manos, tiempo y corazón para que cada rincón quedara especial, haciendo que el resultado sea incluso más bonito de lo que se había imaginado. Este proyecto también lleva un pedacito de todos ellos.

KarCakes – Las recetas de mi padre no es solo una marca. Es la historia de una memoria que cruzó el océano, de una pasión que despertó lejos de casa y de un sueño que hoy se hace realidad. Cada cheesecake, cada dulce y cada rincón del local llevan consigo el sabor de la infancia, el esfuerzo de Jorge y su hija, y el corazón de todos los que han hecho posible este proyecto. KarCakes no es solo una cafetería: es un abrazo que une generaciones, un homenaje a la familia y una invitación a compartir historias que se saborean.